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domingo, 12 de mayo de 2013

Análisis o visión de una película movilizadora: El lector

El lector (Der Vorleser en alemán, literalmente "el que lee en voz alta") es una novela escrita por el profesor de leyes y juez alemán Bernhard Schlink. Fue publicada en Alemania en 1995 y en los Estados Unidos (traducida al inglés por Carol Brown Janeway) en 1997. El libro fue traducido a treinta y nueve idiomas. El tema es el Holocausto, y la forma en la que han de ser juzgados los culpables, y plantea por ello un dilema moral. Al mismo tiempo, trata del conflicto generacional de posguerra, sobre todo en la descripción de la relación del personaje principal, un adolescente, con su padre.

El libro de Schlink fue muy bien recibido en su país natal, tal y como lo fue en los Estados Unidos, donde recibió numerosos premios. Se convirtió en la primera novela alemana en llegar al primer lugar de la lista de mejor vendidos del New York Times. A su vez, fue incluido en la currícula universitaria de los cursos de la literatura sobre el Holocausto, de alemán y de literatura alemana. 
En 2008 el director Stephen Daldry dirigió la versión cinematográfica del libro, que fue nominada a cinco premios
de la Academia, y Kate Winslet ganó por su interpretación de Hanna Schmitz.
Intérpretes: Ralph Fiennes, Kate Winslet,
David Kross y Bruno Ganz.


Esta película posee muchos temas disparadores de análisis, pero el que se manifiesta con más fuerza a lo largo de todo el film es el del aprendizaje por el que transitan todos los personajes. Porque vivir es ya por sí, aprender. A cada instante se aprende.
“El conocimiento no es estático. Es un proceso dinámico en permanente desarrollo, en evolución. Como todo conocimiento es esquemático y parcial, siempre podemos realizar un nuevo progreso en el conocimiento. En un primer momento, los individuos permanecemos generalmente instalados en el conocimiento cotidiano, común y corriente, que es un conocimiento inmediato, sin sentido de lo relativo, seguro de sí mismo, que no conoce dificultades ni obstáculos, un conocimiento espontáneo de experiencias familiares, irreflexivo, en el que no hay dudas, ni interrogantes, ni oposición entre sujeto y objeto, sino más bien una íntima comunión, como cuando se está absorto en la contemplación de un paisaje o un programa de televisión. Es el conocimiento del sentido común o el conocimiento <vulgar>, ingenuo, dogmático, no plenamente consciente, no reflexionado”.

Ese conocimiento <vulgar> es el que la protagonista del film que nos ocupa ha adquirido a través de sus tareas en el campo de concentración. Esto se puede apreciar al comienzo del film que es cuando Michael se descompone y ella, lo atiende limpiándole la cara y enseguida lavando el piso, como una reacción automatizada para tapar las huellas de una acción que considera no debe ser conocida.
Nos enteramos que Hanna ha trabajado en Siemens como obrera y que le habían otorgado un ascenso cuando decidió retirarse de la fábrica e ingresar a las SS. Son las mismas razones en que desaparece mientras tiene el romance con Michael. La han querido trasladar a un puesto de más valía y ante la posibilidad de que se enteren que ella no sabe leer, “desaparece”. Antes de la humillación que los otros sepan que no sabe leer, escapar es la mejor opción.
No sabemos nada de su niñez, pero intuimos que no ha concurrido a escuelas. Considero que su educación temprana estuvo enmarcada muy bien en el siguiente concepto de Florez Ochoa:  “La educación se refiere a la interacción cultural, al proceso social mediante el cual una sociedad asimila a sus nuevos miembros incorporándoles a sus valores, reglas, pautas de comportamiento, saberes, prácticas, ritos y costumbres que la caracterizan. La educación, en este sentido cumple la función de adaptación social”.
En Hanna esta característica es manifiesta ya que su accionar permanente corresponde a esta primera parte de la definición sobre educación que nos brinda Florez Ochoa, ya que sobre la segunda parte de su concepto Hanna no encaja: “Pero educación significa no sólo socializar a los individuos, sino también actuando en ellos sembrando inquietudes, preguntas, espíritu crítico, de conjetura y de creatividad que les permita rescatar de sí mismos lo más valioso, sus talentos y capacidades innovadoras, su potencialidad como personas, su compasión y su solidaridad”.
En ese abrazo inicial, que le propina a Michael descompuesto, el comportamiento de la protagonista es adaptado-automatizado, es muy posible que de la misma forma y con las mismas palabras ha consolado a las víctimas que seleccionaba antes de ir a la muerte. Un abrazo y las palabras –No pasa nada.
Un abrazo que también posiblemente la haga sentir a otro que le falta.
Hanna es metódica, rígida, pulcra, de vida modesta y sobria, todas características aprendidas de su interacción cultural y asimilación de conductas a través de su paso por las filas nazis.
Cuando Michael, en el primer encuentro le dice: -Eres muy hermosa. Ella sólo contesta -¿De qué hablas?  Hanna ¿no sabe lo que es la hermosura?  Sí, lo sabe, pero en su mundo ese concepto está desvalorizado. Su pasado tiene peso sobre el mismo.
Ese pasado vuelve una y otra vez. Luego de tres encuentros Michael, como lo más natural del mundo, quiere saber el nombre de Hanna, que aún no se lo ha dicho, siendo la primera reacción de ella de inhóspita sorpresa, pero, que podemos asociar con ocultamientos de identidad que ella ha debido sobrellevar por razones obvias. No tiene parientes, no tiene amigos, no existen vecinos en donde vive, de alguna manera está en permanente ocultamiento. Su trabajo transcurre en un no lugar. El medio de transporte donde trabaja le proporciona cierto anonimato, sólo se limita a cobrar la tarifa, no habla con los pasajeros ni con el motorman. Es gente que está de paso por el tranvía, pero bien podría pasar que alguna de sus viejas víctimas también viajara en el mismo y reconocerla ¿es conciente de esto Hanna? Creo que no ya que en el juicio, que se le lleva a cabo,  la cultura adquirida le indica a declarar, que es más importante cumplir su trabajo antes que abrir las puertas para que las mujeres escapen del fuego, porque sino no podrían controlarlas. Sus respuestas son de una naturaleza muy elemental sobre su concepto de cumplimiento, pero son honestas. La honestidad de un asesino no es suficiente en ningún caso. Resulta, también, muy desconcertante cuando el juez insiste en obtener una respuesta, que ya la tiene respondida de antemano, y ella contesta: - ¿Y usted qué hubiera hecho?  Ese interrogante no está sólo dirigido al personaje juez, ni tan siquiera a los asistentes al tribunal. Esa pregunta trasciende la historia fílmica y va más allá. Va a la sociedad toda. Va al propio espectador que mira de soslayo la situación, para que se autocuestione comportamientos hipócritas, de los que luego es crítico cuando otro realiza acciones similares.

Michael comparte, de alguna manera, una fomación educativa de similares características ya que es integrante de una familia con un padre rígido y algo despótico, con hermanos menores que están más atentos a los compartimientos del hermano mayor varón que a ellos mismos, agrios, deslucidos por la disciplina paternal y una madre que “aguanta”. Su hermana mayor está a la mesa en su mundo, no participa, posiblemente, al igual que Michael, esté escondiendo relaciones o accionares que su padre no aprobaría de saberlas. Padre y hermanos entran a la historia y también desaparecen sin dejar impronta. Momento clave es el encuentro de Michael con la madre, que la va a visitar a fin de informarle de su pronto divorcio y ésta le observa que no vino al entierro del padre y aparece ahora por un tema menor. Michael, me transmite que acude a ella por amor, ya que forma parte de su trilogía amada: madre, Hanna y su hija. Michael busca aquello de tener un “desarrollo armónico y estable de todos los individuos y de nuestra sociedad…” “…dotado de sentido humano y potencialidad para desarrollar espiritualmente a los individuos reales en su proceso de autocreación cultural” Florez Ochoa. Pasará su vida en esta búsqueda y creo encontrará un destino cuando pueda hablar con su hija del amor de su juventud, abriéndole puertas de aprendizaje también a ella.

Sus lecturas son una “…actividad intelectual humanizada, que produce hombres integrales que no sólo se atienen al rigor, sistemacidad, constancia, versatilidad y disciplina propia del cultivo de una ciencia, sino que poseen valores éticos como tolerancia, honradez, sinceridad, solidaridad y generosidad”, es que “En este mismo sentido, la educación es el proceso mediante el cual una sociedad particular inicia y cultiva en sus individuos la capacidad de asimilar y producir cultura” Florez Ochoa.

Su proceso de aprendizaje se enriquece a través de Hanna, ella con tan poco e inmaduro proceso educativo se convierte en pedagoga abriéndole las puertas de la sexualidad;  “… los niños requieren de un psicopedagogo que afiance el afecto, más que de un maestro, dado que no tienen el debido grado de autonomía, libertad y razón”

Parte de la personalidad marcial de Hanna se hace evidente, cuando luego de la cuarta semana de romance, Michael se aparece en el tranvía, haciendo que ella se disguste. Luego que él pide perdón y sabiéndolo enamorado, ella altera el orden de las “cosas que hacen”. Ahora, le indica, primero la lectura, luego el amor. Si bien denota su dureza, también en sucesivas escenas se advierte su sensibilidad. Así nos lo hace saber cuando llora en brazos de Michael por el desenlace trágico del libro que éste lee o, cuando en el paseo al campo el canto del coro de niños en la rústica iglesia le produce el mismo sentimiento. Todavía no sabemos que tuvo el poder de decisión para elegir la gente que iba a ser eliminado en el campo de concentración, pero una vez sabido se nos hace un vacío enorme en lo complejo de los organismos humanos. ¿Cómo se puede ser tan sensible a la belleza, a hechos trágicos y a la vez ejecutar actos tan perversos?  Nuestra historia cercana contempla a los torturadores que hasta unos instantes mutilaban y sangraban a los torturados y esas mismas manos, minutos después, acariciaban las jóvenes cabecitas de sus propios hijos. Tamaño misterio de la naturaleza humana.

Cuando van al campo y están a la mesa de la posada. Hanna se encuentra con su dilema de no lectura y odia enormemente a los niños que están cerca porque sí, han aprendido.., ¿Qué ha pasado con esta niña mujer que no tuvo la oportunidad?  Es un enigma a través de todo el filme.
A continuación él, cultura machista aprendida, desengaña a la posadera besando a la supuesta madre, haciendo gala de su adquirida “mayoría de edad”, “En el caso de la educación y la enseñanza, su motivación varía con las circunstancias históricas en cada época y en cada sociedad. No obstante, parece que hubiera una constante reconocida por los pedagogos desde Commenio hasta hoy, que consiste en esperar de la educación de los niños y jóvenes la formación de los hombres, como un proceso de humanización de los niños hasta proporcionarles la “mayoría de edad” y con ella niveles superiores de autonomía y racionalidad como proponía Kant” Florez Ochoa.

Una vez que concurre por primera vez al tribunal y conoce que una de las juzgadas es Hanna, Michael asume lo que en otra parte del film aparece como palabras de Goethe sobre la noción de secreto, “podría decirse que todo el concepto de personaje es definido por gente (el personaje siempre es o fue gente de carne y hueso que se le da vida a través de lo ya conocido de tal o cual) que guarda información específica la que por razones obvias a veces perversas, a veces nobles, ha resuelto no develar”
Cuántos personajes de nuestra trama guardan secretos: Hanna, lo que hizo en Auschwitz. Michael: su romance con la acusada. La culpa. El profesor de Derecho lo que pudo o no pudo hacer durante la era nazi. Su silencio.

Éste último, en la clase posterior a la visita al tribunal, cuando explica que uno no es culpable de nada sólo por trabajar en Auschwitz, que 8000 personas trabajaron en dicho lugar, sólo 19 han sido condenadas y sólo 6 por homicidio. Hace un parámetro en que nunca se juzga si estuvo o no bien, sino si fue legal o no. Para arribar a la verdad de que la Ley es limitada (coincidencias tan actuales con la justicia, que parece siempre ha sido igual) y que la gente que mata a otra gente tiende a ser conciente de que está mal hacerlo, pero que, interpreto, el atenuante puede ser que se cumplían funciones bajo órdenes en un régimen dictatorial (¿obediencia debida?), y esto me produce una asociación inevitable con nuestro cercano pasado nacional. La acusada Hanna es conciente de esto desde la óptica laboral. Está mal hacer lo que hacía, pero era su función y la tenía que desempeñar con total responsabilidad. –Llegaban mujeres nuevas todo el tiempo, así que las que estaban ya un tiempo debían hacer espacio…, no podíamos mantener a todas. Había que hacer espacio.-
Luego de esto al declarar la hija de la sobreviviente parecería que Hanna toma conciencia de lo que hacía junto a las otras guardias y lo manifiesta llorando. ¿Llora por ella misma. Por su situación actual? ¿Llora por las que mandó a la muerte?  ¿Llora porque la han acusado de cumplir órdenes?
La obediencia debida por un lado y por el otro los que sabían (la población) no hacían nada (cuestionamiento de un alumno al profesor) para que eso no ocurriera. Como población nosotros (en Argentina) hemos cuestionado lo mismo, pero ¿qué hicimos en cada caso en particular?  El profesor agrega -Si la gente como tú no aprende de lo que le pasó a la gente como yo entonces, ¿qué caso tiene todo esto?   
“La finalidad de la educación ha de replantearse, por ello propongo que ella no sería la de atar a los individuos a la red de prescripciones e interdicciones sociales para restringir su movimiento, sino más bien ha de movilizar su potencialidad, lo que tienen o pueden dar como personas, lo que pueden construir de valioso como caminos de supervivencia para ellos y para la sociedad que a través de ellos ensaya y enrumba su devenir por nuevos horizontes de convivencia y superación”. Florez Ochoa.
Las acciones que Hanna lleva adelante en pos de aprender a leer, las asocio, por supuesto, con el aprendizaje, pero no puedo dejar de lado la sospecha de que lo hace para comunicarse con su amado. Ella también llegó a amar, a su manera, a Michael, amor que es ocaso cuando él acude a la visita y sólo roza su mano. El beso anhelado por ella no llega. ¿Él no le perdona lo que hizo?  ¿Y si él hubiera revelado lo que ella no quería revelar?  Ella podría haber evitado la cadena perpetua, pero no se hubiera hecho justicia con todos los muertos a manos de estas guardias de las SS. Incógnitas que nos acompañan más allá del film.-

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